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Entrevistas\
Eloina Mera - Cocinera del café Alambique y emigrante asturiana en Uruguay
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Nacida en Berducedo (Pola de Allande), vecina de Gijón y con medio corazón en Uruguay. La vida de esta asturiana bien podría encarnar elpatrón de todos los que se vieron obligados a cruzar el charco en tiempos de posguerra para labrarse un futuro mejor. Ahora, al calor de los fogones del café Alambique, situado en la avenida Constitución, Eloína Mera Sierra rememora sus años de exilio y admite estar enamorada de la capital de la costa verde, de su clima y sus gentes.
-¿Qué motiva a una vecina de Pola de Allande a poner rumbo a Uruguay? 
-Corría el año 1958, España aún estaba en declive debido a los años de guerra civil y a la dictadura de Franco. Eran tiempos de hambre y nosotros éramos nueve hermanos. Así que con 14 años abandoné el pueblo de Berducedo junto a mi hermana Balbina, que era mayor que yo, para ir a Montevideo, donde vivían ya varios tíos y primos nuestros. Ellos habían emigrado al otro continente en 1913 y les había ido bien; así que nosotras quisimos probar suerte.
-Tuvo que ser una decisión dura...
-Pues sí, porque además era sólo una cría. Me dio mucha pena; pero luego, a la larga, no me arrepentí de nada. Partimos desde el puerto de Vigo, un 18 de mayo de 1958. Ibamos en un barco pequeño, el «Monte Udala», y tardamos 19 días en llegar al destino. Fue un viaje larguísimo y además, como las dos éramos menores de edad, el capitán estaba muy pendiente de nosotras. En el barco iba muchísima gente porque hacía también paradas en el Brasil y la Argentina.
-¿Cuál fue la primera impresión al llegar a Montevideo?
-Cuando llegamos al puerto tuvimos que esperar a que nos viniesen a buscar nuestros tíos. No los conocíamos, nunca nos habíamos visto; pero desde el primer momento parecía que habíamos estado toda la vida juntos, conectamos muy bien. En cuanto a la ciudad, era todo muy diferente. Salimos de Galicia con mucho calor de primavera y
llegamos allí con un frío terrible.
-¿A qué se dedicó cuando llegó?
-Empecé a cuidar a una señora mayor al poco tiempo. Estuve con ella seis años, hasta que me casé, a los 19 años. Conocí a Mario, que era uruguayo con antecedentes italianos, y nos casamos. Tuvimos dos hijos: uno de ellos, desgraciadamente, falleció cuando tenía 24 años.
-¿Eran de los asturianos que hacen patria más allá del puerto Pajares?
- En Montevideo había un Centro Asturiano con muchos socios. Nosotros nos solíamos juntar el 8 de septiembre, el día de la Santina, para celebrarlo con sidra, fabada y otra comida típica. Pero la verdad es que nos adaptamos muy bien a las costumbres y gastronomía del país. Fueron muchos años viviendo en Uruguay, treinta y uno en total, así que ya estábamos muy integrados.
-¿Por qué después de tanto tiempo decidieron regresar a España?
-Primero vinieron mi hijo Gustavo y un sobrino querían salir de Uruguay y probar suerte en España. Al poco tiempo volvimos nosotros y lo hicimos a Gijón porque nos gustaba mucho la ciudad y porque aquí vivía casi toda familia. Era como una necesidad de volver a estar cerca de los tuyos. En treinta y un años que estuve en América sólo regresé en dos ocasiones de vacaciones; pero, eso sí, a la tercera fue a la vencida y nos quedamos.
-¿En qué se parecían la Asturias que dejó cuando partió hacia Uruguay y la que encontró en los años ochenta?
-Había cambiado muchísimo, sobre todo Gijón. Se puso precioso, lleno de paseos y parques. Lo encontré desconocido, sobre todo porque había avanzado mucho la sociedad, estaban casi al mismo nivel que en Montevideo, donde por aquel entonces estaban muy adelantados, tanto que la educación era gratuita y para todos.
-Primera vez viviendo en Gijón y primera vez también trabajando en el sector de la hostelería,
-Mi hijo se decidió a poner un bar y como yo siempre he tenido buena mano en la cocina, desde que abrió el Alambique estoy entre los fogones. La hostelería es muy sacrificada, pero no más que otros trabajos: todos tienen sus pros y sus con- tras. Lo mejor de trabajar en un bar es estar en contacto con muchas personas. Además, los gijoneses son gente encantadora y han respondido muy bien desde el momento en que abrimos. En dieciocho años no ha habido casi sinsabores.
-¿Sigue cocinando platos uruguayos?
-Me quedan aún algunos toques de la gastronomía de Uruguay, como la utilización de adobo, que seguimos trayendo de allí. También la pizza y la empanada las cocino al estilo uruguayo. Son pequeños toques que dan un sabor especial y que parecen tener éxito.
Fuente: lne.es
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