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Entrevistas\ Janet Núñez Marroquín - Lo que me sorprendió de Gijón fue la tranquilidad de su espíritu

«Lo que me sorprendió de Gijón fue la tranquilidad de su espíritu»

Janet Núñez Marroquín, en una cafetería de Gijón.

«No se puede pedir a un pueblo hambriento y sin educación, como el de Colombia, que razone y luche»

De la condición del hombre, de la guerra, de la ciudad perversa, de los desterrados y aquellos que dirigen sus pasos hacia la muerte, hablan los versos de Janet Núñez Marroquín, (Barranquilla, Colombia, 1962). Su primer poemario alucinado, «Equipaje para desahuciados», está escrito con voz masculina, una voz que convoca con el fragor de la palabra a Huidobro, a Faulkner o a Mutis, entre otros. Janet es diseñadora de interiores por la Universidad Autónoma del Caribe, donde además fue profesora. Durante diez años fue escribiendo versos y trabajando como productora y asistente de dirección en documentales y magacines culturales en cine y televisión. La nueva editorial Ediciones Elogio del Horizonte surge entre el barullo literario con este poemario que expresa el dolor y el recuerdo como un largo viaje.

-«Equipaje para desahuciados» es un libro tenebroso sobre el destierro.

-Si acaso, un destierro espiritual. Yo lo veo ahora con más certeza y desde la lejanía. Una de las cosas que más me sorprendió cuando llegué a Gijón fue la tranquilidad de su espíritu, cómo la gente tenía un rostro apacible, casi como si no tuvieran preocupaciones. En cambio, en las calles de Colombia las personas caminan tensionadas y no se puede evitar que el rostro aparezca crispado. Digamos que una puede ver el sufrimiento de los hombres en la cara. Ese contraste con la gente de aquí me hizo reflexionar más en eso. Los colombianos han sido desahuciados. ¿Qué quiero decir con eso? Que les han tirado a la cuneta en la carretera de sus propias vidas, los han ido vaciando, les han ido quitando todo poco a poco, hasta el alma.

-Y eso se combate a través de la poesía.

-La poesía sirve para levantar la voz y denunciarlo. Poder pensar y poder decirlo es lo que nos salva. Saber que alguien puede sentir lo que uno siente, saber que lo puede decir o que lo puede leer es también lo que nos salva.
-El desahucio del alma colombiana es lo que ha permitido que Colombia se encuentre en una permanente guerra civil, en un viaje extraño a ninguna parte. ¿El valor guerrero del pueblo colombiano se ha desahuciado?

-Desde Bolívar hasta aquí, mire si hemos tenido guerreros. Qué gran hombre fue Simón Bolívar, y qué pensamiento para toda Latinoamérica. No, a mí lo que me parece es que Colombia carece de educación. No se puede pedir a un pueblo hambriento y sin educación que razone y luche. En España se puede razonar porque existen las bases de una democracia, pero en nuestros pueblos no hay democracia y son ignorantes. Los que hemos ido a la Universidad es porque hemos pertenecido a una clase media acomodada que vive en una burbuja.

-La Barranquilla fue entonces su burbuja.

-La Barranquilla, en comparación con otras ciudades de Colombia, es un oasis de paz con dos millones de habitantes. Muchos piensan todavía que Barranquilla es una pequeña ciudad, pero es una gran urbe con rascacielos y cordones de pobreza y miseria que duerme bajo los puentes. Los contrastes sociales son muy fuertes. Al rico no le resulta fácil vivir protegido con guardaespaldas para que no le roben y al pobre tampoco le es menos difícil soportar que en la otra acera hay tipos que comen bien mientras él pasa hambre. En esas circunstancias transcurre mi vida hasta la adolescencia. Mi padre era piloto de avión. Mis cuatro hermanos y yo vivíamos bien. Nunca conocimos la pobreza y vivíamos muy protegidos. Así que nuestro hogar era una isla dentro de otra isla donde era muy difícil tropezarse con la miseria. Una vez que salgo del colegio y abro los ojos, me encuentro con la realidad y la realidad fue abrumadora.

-¿Cómo reacciona aquella Janet adolescente?

-Con rebeldía. Tuve problemas gravísimos con mis padres. Entonces tenía 17 años. Quería ser pintora o arquitecta, pero mi padre pretendía que hiciera una carrera «de señoritas», así que estudié interiorismo, decoración. Después estudié Derecho, tomé conciencia de la situación del país y entonces la ruptura con aquel mundo, con aquella burbuja fue total.

-«Equipaje para desahuciados» es un libro sonoro, donde la palabra denunciante no adquiere la condición de subalterno de un mensaje poético. Esto significa que la palabra poética es decisiva en su discurso.

-Siempre me interesó la relación entre el sonido y el sentido, como Paul Valery. Este libro político corría el riesgo de ser panfletario, podía caer en el panfleto y entonces sería horrible, dejaría de ser poesía, no tendría una justificación estética. En la poesía se corre el riesgo de ser demagogo. Alguien ha escrito ya un poema sobre los scouts y me ha parecido terrible. Hay personas que esperan la carne fresca o la carroña para ponerse a escribir y reivindicar su sensibilidad. Yo soy de las que piensa que la realidad hay que dejarla descansar.

-Al mismo tiempo su libro mantiene un diálogo con otros escritores.

-Este poemario es un conjunto de conversaciones con algunos de los escritores que han fecundado mi idea de la literatura. Italo Calvino, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Jorge Amado o Faulkner. En el libro se recogen pequeños epígrafes de sus textos a modo de dedicatorias a esos libros que leí. En mi caso, creo que las palabras de algunas de sus novelas brillaban, se escapaban del texto, casi como pidiéndome que yo las volviera a escribir. A partir de eso, comencé a crear mis propios textos. En algunas ocasiones era una manera de contestar al autor y en otras, una forma de dar satisfacción a esas palabras, vivas ante mí, que en mi mano podían significar también otra cosa distinta a la de aquellos libros.

-Este «equipaje» guarda un sentimiento dramático, íntimo y masculino. La guerra es uno de sus temas preferentes, pero alejado de un sentido épico.

-Este libro contempla todo aquello que he vivido en mi país, con un estilo, un registro propios, y con un tono masculino, con una voz de hombre que habla en mi cabeza. Este sentido masculino del poema no tiene mayor explicación que ésa. De algún modo, todos ellos parten de una historia que adopta la forma del verso y exige que sea un hombre quien lo viva. Por otra parte, Colombia vive un proceso bélico, una guerra civil que alcanza ya los setenta años. Estoy impregnada, inevitablemente, de ese dolor, porque he visto cómo caían los familiares, cómo caían los amigos.

-¿Cómo contempla políticamente la guerra civil colombiana?

-La guerra tiene muchos frentes abiertos. Por un lado están los paramilitares pagados por los terratenientes. Comenzaron siendo sus guardaespaldas y han terminado convertidos en asesinos a su servicio arrebatando la tierra a los pobres campesinos. Por otro lado están las guerrillas, con todas sus vertientes y corrientes. Cada vez son menos y han perdido el rumbo.
-¿Encuentra algún fundamento sociológico que lo sostenga en la actualidad?

-Habría que remontarse a 1948. Entonces Jorge Elicer Gaitán, caudillo de izquierdas formado en Italia que reivindicaba los derechos de los ciudadanos, un liberal progresista fue asesinado en Bogotá mientras celebraba un discurso en la tribuna pública. Ante el magnicidio, la gente salió a la calle y comenzó a quemar los edificios y los almacenes. Fue lo que se llamó el bogotazo. Así se iniciaba el respaldo del pueblo a las fuerzas políticas de izquierda. Años más tarde, la izquierda se ha diversificado. El M-19 tuvo muchísimo respaldo. Yo, de joven, casi me voy de guerrillera con el M-19. Ahora ya no pienso igual, porque aquellos ideales, aquel carácter altruista de la lucha se fue evaporando. Digamos que el M-19 ha perdido el rumbo y hoy, desgraciadamente, Colombia es de los terratenientes.

-El caso es que el presidente Uribe se consolida en el poder.

-Espero que no. De cara a la comunidad internacional está intentando parecer un presidente que no apoya a la guerrilla, ni tampoco a los paramilitares, pero hay una serie de evidencias que lo incluyen en las listas de paramilitares y narcotraficantes. Esto es vox populi en Colombia. Ahora circula por internet y también se ha publicado en algunos libros, que durante un tiempo se le prohibió la entrada en el país por estar en esas listas.

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