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Entrevistas\ Michael Robinson - Jugar en el Liverpool es lo más parecido a jugar por una causa

¿Es posible definir al Liverpool en dos palabras?
¡Hmmm! En nueve, sí: es lo más parecido a jugar por una causa.

Cuente, cuente.

El Liverpool empezó a ser fuerte entrando los 60, en un lugar en el que dominaba la clase obrera, con un puerto que estaba a punto de dejar de funcionar y que había sido la clave de la economía de la ciudad. Entonces, el gran equipo era el Everton, que pertenecía a los protestantes, a los ricos. Por entonces llegó al Liverpool Bill Shankly, un escocés que inauguró su recital de frases antológicas con ésta: "No es casual que vistamos de rojo".

Un canto al socialismo de la época.

Y una manera de entender el fútbol que fijó la filosofía del club: jugamos para la gente y para su felicidad. Empezaron entonces a fijarse los valores de lo que iba a ser el Liverpool y John Lennon se manifestó al respecto cuando fijo: "Ir a Anfield es ir a la catedral". La tercera catedral de Liverpool, que era, junto a Londres, la única ciudad de Inglaterra que tenía dos catedrales, una para los católicos y otra para los protestantes.

Con el añadido de que a esa tercera catedral podían ir todos.

Claro. Y se convirtió en el centro de acogida de gentes de toda condición, un mestizaje con dominio de los irlandeses. Nadie te preguntaba en Anfield si tenías dinero, si eras católico o protestante, podías ir allí a cantarle a Los Beatles o el You'll never walk alone. Llegó un punto en que no se sabía muy bien quién era el protagonista, si el público o el equipo en aquella loca armonía.

La salida al campo es uno de los episodios mágicos de la historia del fútbol y usted tuvo el honor de vivirlo.

Salíamos cuando cantaban el estribillo del 'Nunca caminarás solo', con el equipo visitante ya en el campo. El entrenador en mis dos años y medio en Liverpool fue Joe Fagan, otro personaje único del estilo de Shankly, y todo empezaba en el vestuario. Las últimas palabras de Fagan eran: "Podemos ganar, empatar o perder, pero no olviden nunca a la gente que está ahí fuera, pues nos debemos a ella". Te invadía una magia especial y comprendías que, el público era lo más importante.

¿Cómo fue el episodio de la ropa sucia?

Fue en mi segundo entrenamiento. Llegué y mi ropa estaba igual de sucia que el día anterior. Me dirigí a Ronie Moran, el segundo entrenador, y le dije: "Oiga señor Morán, mi ropa está sucia". Él me contestó simplemente: "Sí". Y yo insistí: "¿Y por qué? ¿No hay lavadoras?" Y él, otra vez lo mismo: "Sí". Y yo, más: "¿Y por qué no las utilizan?". Entonces me lo explicó: "La ropa se lava aquí el fin de semana, o sea que cuídala. A los que pagan por vernos no les lavan la ropa cada día". Siempre había una referencia al público. Por eso fui testigo del matrimonio más perfecto: Anfield y el público.

Usted volvió a allí con ocasión del Liverpool-Chelsea de Champions. Hacía 20 años que no pisaba Anfield. ¿Tiene que ver lo de hoy con lo de entonces?

Por supuesto. Anfield hizo que un equipo de buenos jugadores como el Liverpool de hoy pudiera ganar a un equipazo como el Chelsea y antes a la Juve. Sólo allí fueron posible ambas victorias.

¿Y qué es o qué fue Anfield?

Simplemente la calle del estadio. Está en el barrio de Everton, en Stanley Park, ambos campos están a tiro de piedra. Hay quien dice que Anfield es la frontera entre Everton y un lugar inexistente que se llama Anfield, pues Anfield no existe, sólo es un campo.

¿La gente del Liverpool de hoy tiene que ver con la de entonces?

¡Son sus hijos y nietos! Liverpool es una ciudad muy dura, la única en la que he visto a los niños morder a los perros.

¡Olé!

Mi hijo nació allí y estuvo acomplejado hasta el día que conoció Anfield; desde entonces presumió de ser uno de ellos. No, mire, han cambiado cosas, es imposible que no cambien en veinte años. El socialista Shankly no reconocería hoy el Partido Laborista, pues lo suyo fue capitanear una verdadera batalla de reivindicación del pueblo y lo consiguió.

¿Cuándo fue a Anfield por primera vez?

Con seis años, en un Liverpool-Burnley. Ganamos por 1-0. Era un niño, pero aquella tarde le dije a mi padre: seré futbolista. ¿Y sabe lo mejor? ¡Ni siquiera habían salido a jugar! Con el ambiente tuve bastante para enamorarme de ese club. Yo procedo de una familia agnóstica, pero aquello era una congregación que cantaba a sus ídolos. Y pensaba: "Deben ser dioses los que saldrán". Siete años después viví otro momento diez.

¿Qué le pasó?

Vivíamos a una media hora de Anfield en coche y una tarde nos encontramos que habían cambiado la circunvalación de una parte de la ciudad y nos perdimos. En estas que vimos a un señor y mi padre me pidió que le preguntara y lo hice: "Señor, por favor, ¿cómo se llega a Anfield?" Y él me contestó: "Luchando, sacrificándote, entregándote en cuerpo y alma; así, algún día llegarás a Anfield". En 1983, cuando fiché con 25 años cumplidos, le dediqué estas palabras: "Me gustaría decirle al señor que hace trece años me dijo aquello, que por fin estoy en Anfield y que sus indicaciones eran perfectas".

Entonces, ese Liverpool-Chelsea fue el partido de los pobres contra los ricos.

Claro. Hay equipos como el Chelsea que los compra un ruso y logra que gane. Pero el Liverpool es una reivindicación permanente. ¡La gente rica no es capaz de meter el ruido de Anfield!

Incluso después de veinte años sin ganar apenas nada.

Bueno, eso es secundario: han ganado otros, sólo ha pasado eso.

El Manchester United, mayormente.

Ha sido el gran rival. Pero fíjese qué curioso: en la eliminatoria con el Chelsea, los del United iban a favor del Liverpool. Y eso que todo es diferente entre Liverpool y Manchester; nos separan veinte millas, pero en muchas cosas son como veinte mil. Los scouser, como se llama a la gente que vive en Liverpool, tienen el acento muy diferente a la gente de Manchester, es la diferencia entre un andaluz y un gallego hablando castellano. Los scouser representan a esta raza mandada a la mierda por la Thatcher, cuya política fortaleció la reivindicación permanente en Anfield, convencidos de que la única voz que tenemos es el Liverpool.

¿Quién es un típico scouser que la afición española haya conocido?

Sammy Lee, que jugó conmigo en Osasuna. Una noche, en Pamplona, salimos juntos a escuchar a Van Morrison, se emocionó y empezó a hablarme... y acabé pidiéndole que, por favor, me lo dijera en castellano: ¡era incapaz de entenderle!

¿Y cómo cree que debió ser el aterrizaje de Rafa Benítez en ese mundo?

Tras meter al equipo en la final de la Champions, la gente espera ver a Rafa caminando sobre las aguas. Lo que le pedimos es que cambie las cosas. Tiene un contrato por cinco años y el encargo de hacer un equipo competitivo en tres.

Vamos, que queréis sacar pecho, pero no tenéis prisa.

Sabemos que no tenemos un gran equipo, pero sí una causa por la que luchar.

¿Y en ese proyecto de tres años entra Gerrard?

No ha renovado, pero es un scouse. Cada vez que se pone las botas ves al tío de Liverpool enfadado con el mundo, convencido de que somos grandes y por sus mismos huevos, un día volveremos a ser los más grandes. ¡Nunca olvidaré su cara saliendo a Anfield con el Chelsea!

¡Qué partido ese, eh!

El defensa Carragher lo contó como nadie cuando dijo "este partido va a ser mi destino". Él, como yo y como otros, había soñado con jugar en el Liverpool. Cuando lo hacía, teníamos el mejor equipo del mundo; cuando llegó, no éramos muy competitivos. Esa noche era única, para él, era la que tantas veces soñó, mamando los valores del club. Y ganó el partido y jugará una final de la Champions con su Liverpool, veinte años después.

Para terminar este capítulo, deme un baño de valores red en plan anécdota.

Cuando éramos el mejor equipo del mundo y volvíamos a casa tras un partido no parábamos a cenar en un restaurante: comprábamos en la carretera un puñado de fish and chips y nos lo comíamos sentados en la acera. ¡No nos permitían olvidar las raíces! Y allí estaban Souness, Dalglish, Nichol, Grobelaar, ¡todos!

Más.

La obligación de vivir al día y ganar al día: un día me llamaron a la selección y le pregunté a Moran: ¿con quién jugamos dentro de tres semanas, pues luego viajaré a Irlanda? Y me contestó: "¿Tres se manas? ¡Olvídate! La próxima podemos estar todos en paro!"

¿Y lo del champán y las botas?

Me pasó tras ganar mi primer trofeo, la Copa de la Liga frente al Everton. Llegué al vestuario y llené una bota de champán. Joe Fagan lo vio y me dijo: "No es por higiene, pero no hagas eso con la bota porque la vas a necesitar el próximo fin de semana". El mensaje era: nosotros jugamos para ganar y ganamos; simplemente hemos cumplido. Yo no pasé por la Universidad tradicional, pero viví la del Liverpool. Allí me enseñaron la humildad, lo que es representar: si no fuera por la gente, yo no sería nadie. Un pilar importante de mi vida ha sido el Liverpool

Envíado por: Pablo García

Fuente DIARIO AS - 22-05-2005

Tomás Guasch

 

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