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Viene y va hacia el comunismo. Por el medio, David Acera, entrañable y joven cómico, despliega su carácter en el teatro y en la calle. Así que este actor de 28 años lo mismo hace de Martin Boorman, lugarteniente de Hitler, que de un irónico camarero sobre las tablas del escenario que le han ofrecido cobijo. Acera, marxista, es un hombre de teatro y de teatros, que va con la furgoneta de «Conjuro» o de «Electra», del uno al otro confín, jugando a una eterna adolescencia, apostando a caballo perdedor, y que en el último tramo de la carrera, triunfa. Con David se confunde la política y la comedia, en esta conversación o en este viaje a alguna parte, o a ninguna.
-Pues a los cómicos también les ponen bombas.
-Mira lo que le ha sucedido a Leo Bassi. La extrema derecha está asomando otra vez la oreja después de una transición en la que se les permitió continuar su vida sin pagar sus crímenes cometidos a lo largo de cuarenta años de férrea dictadura. Lo de Leo Bassi es muy grave. Se trata de una bomba en un teatro. Se pone una bomba en un teatro lleno de gente porque un señor critica a la Iglesia católica. Hay católicos muy positivos y hay una jerarquía católica que ha sido cómplice de muchas atrocidades en este país. Esta jerarquía puede pedir perdón o no pedirlo, pero no puede arrebatar a un cómico el derecho a criticar a la Iglesia o a Dios.
-A los actores se les llamaba antiguamente cómicos.
-Me gusta que me llamen cómico. Una vecina me preguntó un día sobre mi trabajo. Soy actor. Se asustó, quizá porque el oficio de cómico siempre fue muy libre, incluso durante cuarenta años de franquismo. Los cómicos respiramos más libertad dentro del teatro que el aire que se respira en otros oficios. La compañía «Teatro Margen» ha estrenado «Viaje a ninguna parte». Salvando todas la dureza de la posguerra de entonces, la vida del cómico de antes es muy parecida a la vida de un cómico hoy. Yo me tengo recorrido todos los pueblos de Asturias con la furgoneta, desde Navelgas hasta Llanes pasando por Gijón. Ahora comenzamos a salir fuera de Asturias. La vez que fuimos a Sevilla lo hicimos desde Tineo, tras finalizar una función. Al día siguiente representábamos allí.
-A «Conjuro Teatro» comienzan a llegarle los reconocimientos fuera de Asturias.
-En esta compañía llevo colaborando desde el 2000 y el reconocimiento ha sido antes fuera que dentro. Por ejemplo en Extremadura, en Sevilla o Cartagena, con el Certamen de la Palma.
-¿Y qué reconocen?
-Un buen texto de Jorge Moreno, su director y autor. Jorge acierta a la hora de escribir con un lenguaje ágil y un tono cómico que engancha muy bien con el público.
-Jorge Moreno viene elaborando a través de «Arpías» y antes con «El guante de Gilda» una revisión de mitos occidentales del siglo XX.
-Puede ser. Jorge escribe sobre muchas cosas y muy diversas. Con «Arpías» ha decidido dar una visión sobre la última época del período nazi, las últimas bocanadas de Hitler en su búnker. Hace una mirada muy particular, controvertida, pero en todo caso interesante.
-¿Qué Hitler es el que se presenta?
-Un Hitler acomplejado, decadente y asustado por la llegada del final, que trata de mantener la música hasta el último momento, un poco como la orquesta del «Titanic».
-Su papel en «Arpías» es el de un lugarteniente nazi: Martin Boorman.
-Cuando empezamos a trabajar con este personaje tuvimos un problema. Martin Boorman no era como Hitler, que está muy representado. A penas encontramos documentos sonoros o gráficos de este lugarteniente, y ninguno de vídeo. Entonces Martin Boorman ha sido una coartada para mí, una coartada para jugar a ser esa segunda fila gris que existe en cualquier tipo de régimen, una segunda fila que saluda con una sonrisa fría y calculada a los de arriba y es implacable con los de abajo. Yo creo que esa fila existe en todos los órdenes de la vida y lo hay en todo sistema de gobierno.
-¿Cree que las ideologías imperantes están marginando a los buenos dramaturgos?
-Así lo expresaba Boabdella. Según dice, se siente oprimido y enclaustrado en el nacionalismo catalán. Es un buen ejemplo de buen teatro en nuestro país. Pero hay cosas muy interesantes que no están saliendo en los grandes medios. Al margen de grupos, hay autores muy maltratados, segregados de la vida cultural, por puro sectarismo. Pienso en Alfonso Sastre, el dramaturgo español más importante vivo que está haciendo una extraordinaria labor a través de la editorial Iru, para poner en primer plano un teatro más político, más social y más comprometido para todos aquellos que tenemos inquietudes de esa naturaleza dentro del teatro. Cuando se concedió el Nobel a Harold Pointer, un extraordinario dramaturgo, la única editorial que tenía algo editado en España era Iru, de Alfonso Sastre.
-¿En la escena teatral asturiana, dónde encuentra David Acera su cobijo político?
-Hay una cosa muy dura que se llama autocensura y que todo el mundo, por temores reales o imaginarios, se crea. En Asturias yo he conseguido vivir del y para el teatro, lo que en otro tiempo me podía parecer un sueño. Encuentro cobijo en dos compañías, «Conjuro Teatro» y «Electra», integrada por extraordinarios compañeros. Con ellos encuentro un espacio muy importante para expresarme artísticamente y para poder vivir. Pero el teatro conlleva muchos riesgos, comprometerte más de lo debido. En cualquier caso, es un reto político que sí quiero recorrer. Para encontrar ese cobijo que tu planteas, he constituido un grupo de teatro que hoy es poco más que una etiqueta, pero que ya está empezando a trabajar y que se llama «El Perro Flaco Teatro» y que iniciará su andadura en Oviedo con un montaje de calle que conmemora el tercer aniversario de la guerra contra el pueblo iraquí, el próximo 16 de marzo.
-En Asturias hace falta un nuevo «Ubu President».
-Seguramente sí. Eso hace falta en todos los sitios y en Asturias también. El teatro es un buen medio, el problema es saber quién se atreve a poner el cascabel al gato.
-Se imagina algún día revisando la figura de Gabino de Lorenzo o de Fernández Villa.
-Eso es una pera en dulce. Sería una caricatura, la de un nuevo rico que desde una situación popular consigue llegar al Oviedín del alma capitalizado por muy pocas familias adineradas. Gabino llega como elefante a una cacharrería para servir a sus intereses. Que en Oviedo no floreciera una industria como en Gijón no es algo casual, sino algo buscado, porque Oviedo no estaba reservado para la plebe, sino para la banca y otros apellidos ilustres. Villa es otro y, en general, mucha gente que vive del populismo como prestidigitador e ilusionista. Detrás de ese populismo, si rascas, no existe la defensa de los intereses generales. Eso nos ha llevado a convertir Asturias en un auténtico desierto.
-El poder es sibilino. Seguro que le ha planteado trabas.
-Las personas que son como veletas suelen tener menos problemas, porque mande quien mande siempre están ahí. La democracia consiste en que todo el mundo se puede meter con los monigotes del guiñol, aunque uno paga peaje, pero nadie se puede meter con las manos que dirigen a los monigotes del guiñol. En otros ordenes de la vida, he recibido tratos injustos por mantener compromisos. Todo el mundo paga un precio y yo ese precio lo pago con gusto. Es complicado desde el teatro llevar ese compromiso pero trato de ser consecuente con lo que pienso.
Fuente La Nueva España
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