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¡Qué bien gana el Barcelona, qué bien se alegra! Saber
festejar es un síntoma inequívoco de la salud de un equipo, de
su energía comunitaria. Agarro el título de Liga por la cola porque
el tema me parece relevante. Basta con recordar la última Liga que ganó
el Real Madrid. En aquella fiesta aburrida y triste donde todos cantábamos
por obligación, alguien debió escribir la palabra 'Fin'.
En el festejo del Barça hay placer, agradecimiento mutuo, orgullo, futuro...
La comparación con el "Dream Team" es una herejía y
no porque uno sea mejor que otro, sino porque este equipo no es más que
la continuación de aquel. Como esas canciones antiguas, célebres
y ya un poco rancias, que el talento de un buen arreglista refresca hasta la
emoción. Como El Cigala cantando 'La bien pagá'. Aquí está
la gran explicación: el Barça gana porque cree en algo. Lo modernizas,
lo dinamizan, lo adaptan a este tiempo, pero suena como siempre. Pareció
que sin Xavi el juego geométrico del Barcelona se quedaría sin
vértice. Pero sobrevivió. Creíamos que el juego ofensivo
del equipo se volvería inofensivo cuando Etoo se fue a la Copa de África.
Sobrevivió.
El fútbol tiene mucho de sugestión y el alboroto que produjo
la aparición de Messi le agregó efervescencia a un ambiente de
por sí eufórico. Messi se lesionó y eso pudo derribar el
castillo de naipes psicológicos que es todo equipo. Sobrevivió.
Cuanto más ofensivo es un equipo, más delicado resulta su mecanismo
defensivo y, en un momento clave de la temporada, el Barça pareció
desamparado por las ausencias simultaneas de su armazón táctico:
Puyol, Márquez, Edmilson... Sobrevivió ¿Puede alguien decir
que el Barça tuvo suerte? ¿Puede alguien decir que no ha merecido
la Liga y la ilusión de la Champions?
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