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UNA EXPERIENCIA FANTÁSTICA
Nunca nada importa tanto como tomar
partido a favor de un sueño
ARIEL SCHER
Era el ultimo partido del torneo Apertura 2002 en Perú. Universitario
, que yo dirigía, y Alianza de Lima empatábamos en el primer puesto.
Nosotros jugábamos contra Melgar de Arequipa y ganábamos 4 a 2
en el tiempo de descuento. En Sullana, en tanto, Alianza Lima enfrentaba a Alianza
Atlético de esa ciudad y yo no sabia como iban, aunque sospechaba que
la cosa nos era favorable porque estaba rodeado de fotógrafos, cámaras
y micrófonos. Si Alianza no ganaba, éramos campeones.
De pronto veo a Fatiga Russo que viene hacia mí, con los ojos empapados
y los brazos abiertos.
-Termino allá, Ángel, somos campeones- me dice.
Nos abrazamos emocionados y en un segundo había como 50 personas gritando
alrededor nuestro la euforia del titulo. Inclusive entraron en la cancha, levantaron
en andas a los jugadores y obligaron al arbitro a terminar el partido.
Yo no quise que nadie me viera aflojando y me fui al vestuario. Allí
estaba solo, sentado con la mirada perdida y recordando todo lo que habíamos
pasado en esos seis meses infinitos, cuando veo entrar a Chemo del Solar, demasiado
serio y sereno, teniendo en cuenta la circunstancia.
-¿Qué pasa?- le pregunte sorprendido.
-Gano Alianza- dijo-. Tenemos que jugar finales.
Alguien que estaba escuchado el partido de Alianza Lima por radio creyó
oír que había terminado empatado y desato la falsa alegría
que nadie pudo controlar por varios minutos. Pero resulta que no, que en el
ultimo minuto del descuento en Sullana hubo un penal para Alianza Lima, que
convirtió, de modo que terminamos igualados. Habría finales y
parecíamos estúpidos cantando, emocionados sin motivo, sintiéndonos
campeones antes de tiempo.
Inclusive un miembro del cuerpo técnico de Alianza se lo dijo con sorna
a u periodista:
-¿Cómo van a ser campeones estos tipos si dieron la vuelta antes
de tiempo? Ni la radio saben escuchar.
El mazazo fue terrible. Otro golpe anímico brutal para un grupo que
había soportado situaciones increíbles para llegar al ultimo partido
compartiendo la punta.
Toda esta historia empezó en Madrid. De la mano de Chemo del Solar,
el presidente de Universitario, doctor Javier Aspauza, había viajado
para contratar a un técnico capaz de encabezar un proyecto que debía
terminar devolviéndole al club el prestigio internacional que alguna
vez tuvo.
Hablaron con Juan Manuel Lillo, entrenador español que había
sido de Chemo en el Salamanca, representante del buen fútbol, pero no
estaba dispuesto a la aventura. No conocía el medio sudamericano y prefirió
seguir esperando una ocasión en Europa.
Entonces apareció mi nombre y Chemo se comunico conmigo para establecer
una cita con el presidente.
Nos juntamos para comer y hablar de fútbol y del proyecto. Coincidimos
en todo. Lo que había que hacer y hasta en los detalles. Una cosa
quiero dejar clara, presidente-dije yo casi como una premonición-. Es
imposible llevar a cabo este proyecto si no hay un respaldo económico
adecuado. Estoy cansado de estar en equipos especialmente en Argentina-donde
todo se viene abajo por la falta del dinero indispensable.
Y expuse mi teoría de que nunca un equipo puede sostener a una institución
sino que la cosa es, o debe ser, al revés, para no depender dramáticamente
de los resultados inmediatos.
-Quédese tranquilo- me respondió- el doctor Aspauza- yo pienso
como usted.
En la primera reunión que tuve con los jugadores, ya en Lima después
de las presentaciones y de que yo expusiera el plan de trabajo para la pretemporada,
choque violentamente contra la realidad. Perdone, Ángel, pero nosotros
no vamos a ir a ninguna concentración en pretemporada hasta que no nos
paguen lo que nos deben me aclararon los jugadores.
Ese fue el comienzo de un problema que nunca encontraría solución.
En ese momento yo temí la repetición de una historia conocida,
pero nunca supuse su fantástico final.
Reseñar las peripecias que tuvo que pasar el plantel por ese motivo
seria interminable. Baste con decir que no hubo dos días seguido de entrenamiento
normales. Reuniones de todo tipo, conflictos permanentes, promesas que nunca
se pudieron cumplir, en fin, lo habitual en situaciones como esta que suelen
terminar con la ilusión de cualquiera.
Inclusive les dije a los periodistas que ese era el camino mas directo al
fracaso que yo conocía.
Al principio los resultados disimularon en parte el fondo de la cuestión,
hasta que tuvimos tres derrotas consecutivas en los tres últimos partidos
de la primera vuelta y nos pusimos bastante lejos de los primeros.
Cuando todo estaba a punto de desmoronarse definitivamente, me pareció
oportuna una reunión con todo el plantel para tomar una decisión
impostergable: seguíamos exigiendo lo que nos debían, que ya era
mucho y perturbaba indudablemente nuestra dedicación, al fútbol,
o nos olvidábamos del tema, arreglándonos como pudiéramos,
y nos comprometíamos a pelear hasta el final, dentro de la cancha.
Las dos cosas eran incompatibles, como habíamos podido comprobar, porque
reclamar permanentemente ante los dirigentes para recibir las mismas respuestas
siempre, desgasta demasiado y genera un malestar que altera el estado anímico
ideal para jugar al fútbol.
Decidimos, todos juntos, luchar por el campeonato. Todavía había
tiempo. No obstante, seguiríamos reclamando, pero aceptando en la intimidad
que no habría solución inmediata.
Fue en ese momento cuando el grupo selló definitivamente su gran cohesión
interna.
Inclusive las criticas que aparecen siempre en las derrotas, y que afectaron
principalmente a los jugadores mas veteranos, reforzaron aun más la unió
y el ánimo del plantel.
Ganamos los tres siguientes partidos y nos pusimos a tres puntos de Alianza,
que iba primero, en vísperas del clásico, precisamente. Era la
primera gran oportunidad que teníamos para volver a la punta, pero perdimos
jugando el peor partido del campeonato. El golpe fue doble. La derrota, por
un lado, y la muy mala actuación, por otro. Y nuevamente a seis puntos,
faltando sólo siete partidos.
Había que ganar todos los partidos que faltaban. No podíamos
ni empatar si queríamos mantener opciones al titulo. Poco después
ocurrió lo que, a mi modo de ver, fue el hecho más importante
para nuestras aspiraciones. El Nuno Molina envió un telegrama intimidando
a la entidad a que le pagara la deuda que tenía con el o dejaba de jugar,
rescindiendo el contrato de acuerdo con una cláusula que lo advertía.
Les daba 48 horas. Sucedió un viernes y el domingo siguiente jugábamos
contra Coopsol en Trujillo. El presidente estaba de viaje y ejercía esas
funciones el vicepresidente, doctor Luis Galindo, quien esa noche me llamó
por teléfono para comunicarme que Molina quedaba desafectado del club
en razón del telegrama recibido. No te apresures, por favor. Déjame
habar con el Nuno -le pedí.
-Haga usted o que quiera, pero la decisión ya esta tomada- me contesto
con tono autoritario, abandonando el tuteo que hasta ese momento manteníamos.
Hable con el Nuno para saber si cumpliría su amenaza de no jugar en
caso de que no le pagaran. Me dijo que no, que sólo lo había hecho
para presionarlos, pero que el no tenia intención de abandonar el grupo.
A la mañana siguiente, ultimo entrenamiento antes de viajar, Galindo
y otros tres dirigentes me llaman a una reunión en una de las oficinas
del estadio, junto al Nuno, para comunicarnos oficialmente la resolución
de la directiva. Molina les aclara que no pensaba cumplir la intimación
que solo quería cobrar lo que le debían, pero que iba a jugar
hasta el final del torneo de todos modos.
Los dirigentes permanecían firmes en su postura. En medio de la conversación,
inesperadamente, aparecieron todos los jugadores y entraron a la reunión,
vestidos para entrenar. Les pidieron, les rogaron a los dirigentes que no tomaran
esa medida, que los dejaran jugar el partido en paz porque era muy importante
para el futuro del equipo, que postergaran la sanción hasta el lunes,
esperando la llegada del presidente.
No hubo nada que hacer y el Nuno fue separado del plantel. Pasamos toda la
mañana discutiendo, no pudimos entrenar y viajamos a Trujillo en las
peores condiciones anímicas. Molina también viajo por su cuenta
para acompañar al grupo.
El partido se tomo como un desafió. A esa altura eran demasiados los
inconvenientes que había que superar, internos y externos, ya que ocurrían
cosas muy difíciles de entender y se sucedían como para no creer
fácilmente que fueran obra de la casualidad. Por ejemplo, que en nueve
partidos nos expulsaran a un jugador antes de la media hora, o que un árbitro
que se cayo al tropezar ligeramente con Chemo del Solar lo echara de la cancha
enérgicamente, y después, aunque el video demostrara claramente
lo fortuito del choque, le dieran a Chemo un partido de suspensión.
Lo cierto es que ese día ganamos en Trujillo 3 a 0 y cada gol se festejó
como un titulo del mundo. Fue una especie de rebeldía ante todas las
injusticias que estábamos aguantando.
Volvimos a Lima más fuerte que nunca. Si no reincorporaban a Molina,
habria varias renuncias. Inclusive la mía. El presidente anuló
la decisión de la directiva, el Nuno Molina se reintegro y el siguiente
partido lo ganamos 1 a 0 con gol suyo, de locales en el Monumental.
Hubo otros hechos que demostraron el alto grado de compromiso colectivo de
este plantel. El más significativo fue cuando un domingo, Día
de la Madre, después de el triunfo anterior, yo programe un entrenamiento
porque debíamos jugar al miércoles siguiente. Era voluntario para
los que habían jugado mas de 45 minutos y asistieron todos , no faltó
ninguno, y para entonces ya nos debían mas de tres meses.
Otro día regresábamos de Huyanco, donde habíamos jugado
a más de 3.000 metros de altura ganándole al equipo local y dando
un paso decisivo para, al menos, disputar las finales.
Le pregunte a Chemo que viajaba en el avión cerca de mi: -¿Sabe
lo que en realidad me gustaría, Chemo?-
-Lo mismo que a mí, seguramente me respondió-: llegar
a una final con Alianza y ganarles ahí, en la precisa.
Ese era el sentir además- de todo el plantel, porque con Alianza
habíamos perdido los dos clásicos y no queríamos ser campeones
con esa deuda pendiente.
Y así fue, salimos campeones después de vencer a Alianza Lima
en dos partidos definitorios.
Pero nunca la alegría de un título debe de haber durado tan
poco. Al día siguiente ya sentíamos una pena enorme, porque sabíamos
que ese grupo se rompería por cuestiones económicas. Habíamos
llegado al limite del esfuerzo y así no se podía continuar. Estábamos
satisfechos, de todos modos. La lucha nos había salvado el orgullo y
la dignidad, que no es poco en los tiempos que a uno le toca vivir. Habíamos
cumplido el compromiso que asumimos colectivamente sobreponiéndonos a
todos los inconvenientes, que fueron muchos y en algunos casos muy difíciles.
En todo momento nos mantuvimos juntos. Nunca nade se sintió más
que todos y cada uno acepto el papel que le tocó: los que fueron titulares,
los que sabían que eran sustitutos e inclusive los que no jugaron ni
un minuto.
Todos con la misma alegría y predisposición. Por eso el título
fue un premio para todos y cada uno de los integrantes del plantel. En una sociedad
que nos presenta la solución individual como la única posible,
este grupo de jugadores había dado muestras asombrosas de lo que significa
las fuerza comunitaria.
Para el periodista argentino Ariel Scher, que escribió sobre el tema,
fue una lección de vida... un regalo del fútbol en medio de todo
lo que la realidad quita
A mi me quedo una profunda satisfacción, muy parecida a la felicidad,
por haber participado en esta historia tan complicada, tan edificante y hermosa
que me anima a juzgar fantástica. Fuimos campeones contra todo y contra
todos.
Envíado por: Pablo García
Ángel Cappa.
¿Y el fútbol dónde está?
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