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Colaboraciones\ El bar también es nuestro

Es curioso como las clases dirigentes se empeñan en demostrar que el machismo es un rasgo social extinguido, y que en pleno siglo XXI la igualdad domina el mundo. Incluso existe un tanto por ciento fijo de ministras, eurodiputadas, directivas, etc. para demostrar que las mujeres también alcanzan el poder, igual que los hombres, ya sean más o menos válidas que sus compañeros. Sí. Pero se aseguran de elegir a la mujer menos indicada para el puesto requerido, porque las mujeres llegan al poder, pero tampoco conviene que sean muy buenas, sino que estén ahí, y no llamen mucho la atención. De hecho la discreción sigue siendo uno de los rasgos más valorados de la mujer, no así de los hombres, a los que cualquier escándalo se les aguanta, esconde y perdona.

Y me resulta especialmente sorprendente este empecinamiento, cuando resulta que la gente común, los ciudadanos de a pie que constituyen la clase dirigida, por llamarla de alguna forma, insisten en demostrar exactamente lo contrario. Que hombres y mujeres no disfrutan en absoluto de igualdad, al menos en las pequeñas cosas cotidianas. Y no se confundan, no se trata de un ataque de feminismo incontrolable. A los hechos me remito.

El otro día me comentaba una compañera como una tarde cualquiera se fue a tomar su café a la cafetería de siempre –no voy a dar datos, pero no se trataba de nuestro familiar Alambique- y al ir a pagar la consumición, la camarera le dice que está invitada por otro de los clientes habituales, que en ese momento no se encuentra en el local. Hasta ahí todo normal. Al cabo de un rato, aparece el susodicho, y se acerca a la mesa de ella, preguntándole si se puede sentar. Comienza entonces un elaborado discurso cuya intención evidente es ligar con ella, y cuyo argumento no difiere mucho de: -... te veo siempre sola... tomando el café aquí... yo estoy separado... podíamos quedar... tomar el café juntos... conocernos....

En un momento de la conversación, la chica le interrumpe: no tiene mayor problema en mantener una charla amistosa de vez en cuando, pero en realidad aprovecha ese café diario para disfrutar de unos momentos de soledad y tranquilidad, muy difíciles de conseguir, por otra parte, cuando se está casada y con hijos. Y le gustaría seguir haciéndolo así.

El hombre levanta la mirada, sorprendido y desencajado: eso no entraba en sus pronósticos. Al final, reacciona explicándole la verdad, que lo sentía, que no pensaba que estuviese casada (no está bien que hablemos si estás casada, puntualiza), que creía haber encontrado una persona que al igual que él se encontraba sola y buscaba compañía en cafeterías y bares habituales. “Y es que, -remata el desafortunado hombre- como te veía siempre sola….“

Esto es una cosa muy habitual. Resulta que tradicionalmente este es un país en el cual se sale mucho, la hostelería representa uno de los principales motores económicos y cafeterías y bares suelen estar llenos de hombres que finalizada su jornada laboral, o bien al inicio de la misma, se van a tomar algo a los sitios que suelen frecuentar tanto ellos como sus conocidos. Sin ninguna intención especial, aparte de evadirse un rato de la rutina diaria, tomarse algo y disfrutar leyendo la prensa, comentando la última jugada del partido de turno, o simplemente mirando a la gente que pasa por la calle.

Pero hete aquí que esto que se asume como algo normal en la condición masculina no tiene el mismo significado cuando se trata de mujeres. Resulta que una mujer que se va a tomar algo sola habitualmente no encaja en el comportamiento social políticamente aceptado, luego hay que buscarle una complicada explicación lógica que sustente –oh, sorpresa- tan inusual acto. Y es que, cómo le va a gustar a una mujer ir sola a un bar? ¿No es eso cosa de hombres? Llegado este punto, surgen diversas opciones –mujer buscona, disponible, solterona-solitaria-a-la-fuerza, machorra, inadaptada social, “rarita”… etc- cualquier motivo sirve para justificar lo injustificable.

Y ojo, no estoy diciendo en ningún caso que estas teorías salgan necesariamente del sexo masculino, al contrario, es habitual que las mujeres critiquen de igual manera estas “anormalidades” como algo fuera de lugar, y elaboren a su vez justificaciones que ayuden a diferenciar esas acciones de lo que ellas consideran un comportamiento femenino políticamente correcto (uséase, el suyo propio).

Sin embargo, al contrario de lo que la gente se empeña en creer, el sencillo hecho de que una mujer se vaya habitualmente sola a un café no es nada infrecuente. De hecho, aproximadamente el 40 % de la clientela habitual de una cafetería son mujeres, y como el resto de asiduos del local, acuden solas o acompañadas; indistintamente, dependiendo de las preferencias del momento. Esta relación tiende a igualarse de forma lógica a medida que aumenta el número de mujeres económicamente independientes, causa fundamental de que los hombres fuesen antiguamente los que conformasen la clientela tradicional de estos locales.

Es de esperar que poco a poco se modifique la visión popular tan arraigada de la mujer –trabajadora o no- en su casa, y el hombre jugando la partida o viendo el fútbol en el bar. Y ojalá que sea pronto para bien de todos, porque de poco sirve que nos vendan mujeres políticas, mujeres directoras de importantes compañías internacionales o destacadas escritoras, cuando la sociedad nos muestra la cruda realidad: que lo que realmente tenemos son Esperanzas Aguirres, y que para mas inri, no pueden ni irse a un bar a tomarse un café solitas.

Café Bar Alambique
Avda. de la Constitución, 52 Tel. 985 34 82 82 email