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Colaboraciones\ Nobleza Obliga

No puedo menos que sorprenderme y no me queda sino conmoverme al ver cómo después de tantos años de amistad bruta y cruda, en tiempos más estrecha y en otros más latente, por encima de la admiración sorda, el pulso férreo y la escasez de moles compartidos, emerge cual ave fénix la satisfacción de vernos el uno al otro realizados, si bien derivando por derroteros un tanto opuestos.

Johnny MePeino, lead guitar. Este fue el título de nobleza que le otorgó el haber estado allí, en el trastero de César Noso, dando voces y haciendo aspavientos para intentar que el resto de la banda, entre tanto follón, atinara a hilvanar cuatro notas. Yo apuesto un güebo a que ni el peor grupo de rocanrol sobre la faz de la tierra sabe lo que es aprender a tocar en medio de tanta miseria. Lo que pasamos juntos musicalmente fue una penuria de conocimientos primarios que no acertábamos a desenmascarar y una sequía de técnicas básicas que se nos antojaban propias de los extraterrestres (como cuando Félix explosion nos enseñó tres maneras distintas de poner un re). De cómo nos arrancábamos por siniestro total o por los ilegales, hablan algunos manuales de psicofonías y otros fenómenos paranormales. Y todo esto con una moral y unas pelotas que metían miedo.

Después, cuando el menda emigró a la Galaecia, se quedaron en bolas y se llamaron Los Vendidos, que fueron los que amenazaron la fiesta en el quiosco del alambique en la 1ª semana negra. Nuestro héroe se tuvo que encargar de aguzar su pluma y desgañitarse cantando aquellas corrosivas letras de las que a nuestra tremendísima afrodita Dios guarde de escuchar.

Pero al cabo llegó el amor y dio al traste con todos los esfuerzos por colgarse una guitarra con dignidad. Su carrera musical se fue al garete. César trató de seguir en solitario, pero Vinnie Colaiuta y nuestro entrañable colega Tino Di Geraldo habían llegado primero. Del trío sólo se salvó aquel bajista que sigue tomando el café en el alambique y con el que ahora comparto escenario. El que la sigue la consigue.

Y así, el heredero natural de nuestro Jorge Martínez (voz y guitarra) se apartó de la escena, sentó la cabeza que ya parecía bastante amueblada y fundó una familia con la bendición de la alcaldesa. Lo del rocanrol y el síndrome de Peter Pan ya lo asumo yo, pierdan cuidado.

El caso es que si yo toqué el cielo con los cuernos en cada concierto que dimos, lo que este entrañable patán debe de estar haciendo ahora que ya sabrá si es niño o niña, es embestir el firmamento como un mihura contra el caballo de un picador.

Y como no podía ser de otra manera, quiero corresponder y -guitarra en ristre- cantar las alabanzas de nuestro nuevo amiguito de redacción bajando al alambique y agarrando una cogorza como el caballo de un picador. ¡Por el pequeño bambino!

Yo también por esta vez envainaré la espada y restaré apacible.

Café Bar Alambique
Avda. de la Constitución, 52 Tel. 985 34 82 82 email