|
|
Hace unos años -no sé si seguirá pasando lo mismo en las nuevas generaciones- lo de casarse era una cosa repugnante por retro y contra natura. Fuimos creciendo y aquí se casa todo cristo y si acaso se salva el que no era tan radical. Yo, personalmente llevo una racha de casorios que no la soporta ni el cura, pero la cosa sigue y, sin ir más lejos, pregunten por ahí qué aspecto tenía la última invitación que me hicieron llegar a la oficina. Nunca he sido un rebelde sin causa, pero hace unos días se casó el mi primo Roberto y la cantada fue estupenda. La cosa empieza por la histeria de mamá, que al acercarse la fecha empieza a dar la paliza con que si compro ropa, que si no llevé al traje a la tintorería, que a ver que pintas llevo, que si se podrá contar conmigo para llevarla a la iglesia, etc. Y yo, que soy un hereje y un talibán, voy y resuelvo de la siguiente guisa: la víspera salgo con Rubén Mol por Oviedo y la armo gorda (como antaño), despierto el día de autos a las cuatro de la tarde y llamo a mi hermano para que comunique a la familia que me acabo de levantar, que me piro para Gijón a ensayar y que cuando acabe, que ya me paso por La Gruta a tomar algo. Me jode por Roberto, pero al llegar con mis vaqueros rojos y la camiseta de Blas (la sensación de la boda), compruebo que, según había sospechado, para él tampoco era el día más importante de su vida (diez años de novios); eso se quedó para la primera comunión y porque venía en los impresos. También confirmo la sospecha de que mi madre no me habla.
El día del Pilar se casa mi prima Merce, que me pidió que la llevara en coche a su boda y el veintiséis de abril del año próximo, mi hermano. Los dos me amenazaron.
No ignoro la gravedad del asunto, es políticamente incorrecto, pero aunque esto no lo hice a propósito, es evidente que a mí las bodas y demás protocolos me la traen al pairo, sean de vecinos, amigos o familiares.
Sin embargo hay una boda que por su trascendencia histórica no se puede pasar por alto. Es de tal importancia, que las más altas personalidades internacionales del mundo político, cultural, artístico y deportivo están obligadas a comparecer para ser testigos de que HAY DOS IMBÉCILES QUE ESTÁN PARANDO EL TRÁFICO PORQUE DICEN QUE SE VAN A APAREAR!!!! Y para más inri, el papá de ella es el señor de bigote que manda en una cuadrilla de mangantes electos por el pueblo español. De todos es sabido que la gente importante está muy ocupada resolviendo asuntos claves que contribuyen al bienestar propio, como por ejemplo, defecar. Pero ante un evento tan crucial para la humanidad, lo dejan todo -hasta el papel higiénico- para acudir a babear ante un fulano al que todo un pueblo eligió para que trabajase. Este, sin embargo, en vez de currar como un cabrón para que la Historia le guarde un sitio, se erige en señor de todos los pijos y condena a los que le votaron a pagar los gastos de sus orgías, a movilizar al funcionariado y al ejército, y a que el que va a ganarse el pan, que espere, que van a cruzar ahora una mona y un mandril que son la referencia de lo "supreme" de este país. Y el noble pueblo, lejos de lincharlos al amanecer, se sienta a contemplar los modelitos de los asistentes, confiando en que un día se casarán con alguien de operación triunfo.
Yo seré un macarra, pero estos son unos terroristas.
Feliz once de septiembre a toda la humanidad.
|