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Uno, que por motivos laborales anda estos últimos años padeciendo en las propias carnes la vergüenza ajena que da la clase política española, ha preferido siempre no entrar a saco en esta cuestión por aquello de no llevarse el trabajo a casa. Pero como quiera que todo está politizado y hasta las más nobles instituciones (léase, por ejemplo, enseñanza, sanidad, ecología, deporte, cultura, solidaridad, etc.) llevan en sus entrañas la podredumbre de los intereses particulares de partidos y sindicatos, resulta imposible sacudirse de encima el hedor de esta chusma siquiera para tomar un café.
Lo cual que uno abre el periódico en el bar mientras el maestro Zarrillo, pongamos por caso, le tira de la teta a la cafetera, y lo primero que se encuentra es la foto de una tía que, al parecer, es una atleta palentina muy célebre ella (subcampeona del mundo y campeona de España) que se presenta por el PP a concejala del Ayuntamiento de Palencia.
Y el caso no pasaría de folclórico si no fuera porque a la pregunta de si se hubiera presentado por el PSOE en caso de que se lo hubieran ofrecido, responde sin embarazo que sí, que por supuesto, siempre que le hubieran garantizado que iba a poder seguir entrenando y compitiendo con total normalidad. Y no se pone colorada.
Yo esperaba que el periodista le hubiera preguntado lo que es obvio: ¿y si se lo hubiera ofrecido IU? ¿Y si hubiera sido, qué sé yo, la Coalición Canaria? ¿Pero usted en qué coño cree?
Pero nada. Mutis.
Claro, esto me pasa por leer El Mundo. Así que he pensado que si ya no es posible ni siquiera consultar la prensa sin que te ofrezcan las noticias pasadas por el tamiz de los intereses de algún partido político (que no es lo mismo que tener criterio e ideas propias), por qué no iba yo a despacharme a gusto con esta patulea por una vez.
Y es que la desfachatez es tal que uno se queda sin palabras. Porque ya sabíamos que al día de hoy nadie está en política por sus ideas, sino para ganar buen dinero y/o por el gustirrinín de creerse importante. Una gran cantidad de políticos no ha trabajado en nada en su puñetera vida, pero han vivido como dios de sus cargos políticos desde que papá les sacó el carné correspondiente. Quiero decir con esto que no voy a abogar aquí por un partido o por otro. He visto demasiadas veces planes privados de pensiones contratados por fervientes defensores de la sanidad pública o becas—basura de administraciones que se llaman socialistas destinadas a cubrir puestos donde debería haber un trabajador con todos sus derechos, como para no saber que son los mismos perros con distinto collar.
Pero es que lo del PP es ya demasiado. Porque éstos, encima, van y lo cascan, y montan un reportaje a toda página con foto incluida, cuando debería darles vergüenza, si la tuvieran, reconocer que cubren cargos públicos con gente a la que no sólo le da igual la política sino que se la trae floja a qué sector de la población represente con tal de asegurarse un buen sueldo para cuando las piernas ya no respondan en la pista de atletismo.
Por eso un buen día llega un barco cargado de chapapote y forra, y como el político responsable de la materia no tiene ni pajolera y además de la trae al pairo, pues pasa de las advertencias de los expertos y se va al estadio, que tiene que entrenar, y al día siguiente, vaya por dios, tenemos las costas hechas un cristo. Pero no pasa nada. Nos sacamos de la manga un par de subvenciones, pedimos pasta a la Unión Europea y lo publicamos todo en el periódico como un ejemplo de buena gestión y de preocupación por la ciudadanía. Y el 25 de mayo, hala, todos los galleguiños de la Costa da Morte vuelven a votar en bloque al PP otra vez, y aquí paz, gloria y a seguir leyendo en El Mundo lo bien que va España.
Porque sabed, mis queridos manifestantes contra la guerra, Bush, la ley de extranjería, la reforma laboral o la educativa, que una mayoría absoluta no brota por generación espontánea y el PP no lleva lo que lleva gobernando por arte de magia. Así que lo de la libertad de expresión y la solidaridad está muy bien y tal, pero hay que recordarle a ese que sostiene la pancarta a nuestro lado o a ese otro que se pringa de fuel codo con codo con nosotros en la playa que se debe ser más responsable al meter la papeleta en la urna y no acordarse de Santa Marta sólo cuando truena.
Es por eso y porque en este país de ignorantes a nadie le importa otra cosa que tener un buen coche, que se puede publicar estos disparates en los periódicos sin que ocurra nada. Y por eso seguimos teniendo los políticos que nos merecemos, ni más ni menos.
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