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Colaboraciones\ Gladiator

El guaperas de Russell Crowe, al mando de su bien equipado y mejor adiestrado regimiento, acaba de dar finiquito a los últimos bárbaros que aún andaban por Germania dando voces en taparrabos y oponiendo sus rudimentarias espadas al avance del modernísimo ejército romano, cuando el gran Richard Harris le pregunta qué significa para él Roma. Y el futuro gladiador, que además de ser más bruto que un arado es un hombre de modales exquisitos y refinada educación, responde sin titubeos con una labia que ya la quisiera para sí Ana Palacio: “Yo he visto el mundo, César, y todo es oscuridad. Roma es la luz.”

Y tanto que lo era. Los romanos no conquistaron el mundo conocido en aquel momento porque fueran más fuertes militarmente hablando. Conquistaron el mundo porque eran culturalmente muy superiores, lo que también les hacía más hábiles, a su vez, en el arte de la guerra. Algo parecido a los que les debió de ocurrir a los moros cuando llegaron a Covadonga (es un decir) y se toparon con una recua de “asnos salvajes” (según ellos mismos narran en sus crónicas) tirando piedras y armando la de dios desde lo alto de las peñas, mientras que ellos jugaban al ajedrez entre batalla y batalla y se lavaban todos los días, coño.

A lo mejor los yanquis de hoy en día, en sus cerebros podridos de gelatina y mantequilla de cacahuete (si es que no se alimentan, rediós; con tortilla de patata y huevos con jamón no serían así, te lo digo yo), se han imaginado que son los modernos romanos del mundo imponiendo cultura y mejorando la raza. Por eso han dejado sobre la mesa de la sala de reuniones del palacio de Sadam, en Bagdad, una pintada que dice USA WAS HERE, igual que los romanos dejaron por do quiera que pasaron puentes, acueductos, arcos de triunfo y anfiteatros, además de su lengua y sus conocimientos.

Así que cuando el séptimo de caballería muerda finalmente el polvo (a todos los imperios les llega su fin, no sólo al Imperio Romano) las generaciones del futuro, si es que aún seguimos aquí, proseguirán con las excavaciones arqueológicas en la zona, y al lado de las ruinas de una cultura tan rica y fundamental como fue la mesopotámica desenterrarán los restos del esplendor de la sociedad estadounidense en el siglo XXI: un trozo de madera con un infantil USA WAS HERE pintarrajeado encima por un analfabeto que seguramente no sabía situar el Tigris y el Éufrates en un mapa.

Está claro: la historia pone a todo el mundo en su lugar.

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