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Y el bueno de David Attenborough se desloma, el pobre, por el angosto laberinto subterráneo que es el sótano de un gran termitero en mitad de África, para explicarnos que el aire acondicionado ya lo inventaron hace muchísimo tiempo los infames xilófagos que ahora se comen nuestros armarios empotrados. Y en otro capítulo nos enseña que las rayas conocieron y dominaron la electricidad cuando nosotros cagábamos en cuclillas sobre los estratos que ahora escarba Arsuaga con tesón. Y un poco más adelante, que los cangrejos ermitaños popularizaron el sistema de alquiler de la vivienda cuando aún no malgastábamos media vida en adquirir en propiedad una casa que dura el doble que nosotros. Pero uno se sienta a cenar ante el televisor un día cualquiera, por ejemplo ayer, y tiene que ver cómo un yanqui mierdoso abate a tiros a un elefante que se les había escapado del circo, vaya por Dios, porque no había otra manera de detenerlo en un país donde mandan cohetes al espacio un día sí y otro también.
Y explican que el animal, claro, amenazaba con ocasionar grandes daños materiales en su huida desquiciada y aun pudiera ser que se llevara por delante a alguno de aquellos seres mucho más imprescindibles que él. Y si ustedes me dijeran que se trataba de un incendio o una inundación donde pudiera perecer algún humano insustituible, pues podríamos pensar en organizar uno de esos “dispositivos de emergencia” que salvara una vida tan valiosa. Pero tratándose de un elefante... Bah, para qué gastar los dólares de tanto contribuyente indispensable. Mejor sacamos del maletero de la ranchera el Winchester que John jamás olvida acomodar bajo las mochilas de sus niños, y le solmenamos cincuenta y siete tiros a ese criminal desalmado que acaba de abollarnos el Chevrolet. Y a otra cosa, Mari Puri. Después, al genocida, al terrorista, al violador, sólo los encerramos, porque eso de la pena de muerte está muy feo y es inmoral y la vida que Dios da sólo Dios la puede quitar (in God we trust, amén).
La vida de los hombres, claro. Porque la de un bicho cualquiera está supeditada a nuestro interés y, oye, mejor destinamos los dólares a prepararnos la huida al espacio cuando nos hayamos cargado el planeta, que hay que preservar a la especie humana por encima de todas y a las demás que les vayan dando.
Y así, cambiamos al canal de Teletienda cuando sale el varas del Attenborough enseñándonos que los albatros se emparejan para toda la vida, que eso llevamos siglos haciéndolo nosotros y no nos damos tanta importancia...
P.D.: Hasta luego, Mario.
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