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Colaboraciones\ El desertor de el álamo

Convendrán conmigo quienes allí estuvieron que The Tuscany Valley Experience fue lo mejor que pudo verse en la recién clausurada Semana Negra. Dicho sea, claro, con el permiso del señor Jorge "ilegal" Martínez, quien a su vez gustó de dejarse ver por la carpa del Savoy una vez concluida su actuación en el escenario central para ojear, de paso, las maneras de los de Falcon Crest. Pero esto no es una de esas melifluas críticas musicales que tanto prosperan en diarios y revistas porque, además, no soy yo el más adecuado para tal fin. Resulta que entre pase y pase hube de encajar en mi jeta el guante arrojado por Cholín, alias Chase Gioberti, alias cincovecescampeóndelmundo, retándome a juntar algunas palabras para la página Web del Alambique, so pretexto de enfrentarse dialécticamente conmigo (el infeliz...) y todo ello al socaire de lindezas como "gongorilla de los cojones" o "a ver si te acuerdas más a menudo de tus colegas, cabrón".

Espoleado por tamaña afrenta, comencé bautizando esta columna con un nombre batallador y ponzoñoso, confiado en que, conociéndome, no me sería difícil andar a la greña con medio Alambique y granjearme el desprecio del otro medio, algo muy característico, por otro lado, en mí. Pero hete aquí que he resultado no ser tan cabrón, al parecer, como para no reconocer en el rostro de ese capullo con suerte la dicha de haber rozado el cielo en su última actuación, y al final, y espero que sólo por esta vez, no he sido capaz de escribir una página agresiva que fuese merecedora de un título tan canalla.

Porque yo, que estaba allí cuando en el clavijero de Marcos, alias Comandare, alias Damian Karras, podía leerse Talmus donde ahora dice Rickenbaker, sé perfectamente cómo se sintieron él y Cholín esa noche y no tienen ni la menor idea de cómo me alegro por ellos. Así que espero que Vds. sepan perdonar esta mariconada de página y me permitan parapetarme en ella para hacerles llegar a esos dos palomos lo que nunca seré capaz de decirles en persona. El porqué, que ellos conocen bien, constituye la condición misma del alacrán: no puede evitarlo, es su carácter.

Café Bar Alambique
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