|
Los países pobres, por más que se unan, siempre resultan vencidos,
pero no derrotados. No es lo mismo. No hay sinónimos. Cada palabra tiene
un matiz y si hubiera dos absolutamente idénticas, no se habría
inventado la otra. El líder cocalero Evo Morales, tan zaherido por su
indumentaria de mayoral de llamas cuando viajó por Europa, no quiere
ser el árbitro de la elegancia, pero desea arbitrar el gas y el petróleo
en su país, donde el hambre es congénita y hereditaria.
La brusca nacionalización de todos los hidrocarburos, con el Ejército
y la Policía haciendo guardia en los oleoductos y en las refinerías,
hace temblar el suelo bajo nuestros neumáticos occidentales.
Cuando se ha recorrido de cabo a rabo lo que algunos insistimos en llamar Hispanoamérica,
sorprenden menos estas cosas. Llega un momento en el que los indigentes no se
resignan a serlo, ni les consuela el mal de muchos porque no son tontos.
Evo Morales ha adoptado la medida después de visitar a Fidel Castro
en La Habana, con Hugo Chavez de testigo y ha nacido una nueva sigla: YPFB (Yacimientos
Petrolíferos Fiscales Bolivianos). ¿Cómo asombrarse de
que alguien, dueño de un trigal, se oponga a que venga alguien de fuera
a instalar panaderías? No se sabe qué futuro tendrá este
triángulo, mucho más peligroso que el de las Bermudas, pero se
sospechaba desde hace tiempo que tenía que llegar la rebelión
contra el subdesarrollo y surgiría alguien como Caupolicán o como
aquel Lautaro que \u201caprendió la conducta de las flechas\u201d.
Las garantías jurídicas están peligro y habrá que
abrir un proceso de negociación, a ver si el negocio es para todos. \u201cSe
acabó el saqueo\u201d, ha dicho Evo, que a diferencia de otros líderes
populistas no suele hacer discursos largos.
Fuente elcomerciodigital.com
|